Europa Vuelve a Endurecer Las Restricciones De Cara a La Semana Santa Por El Avance De La Variante Británica

Los gobiernos de toda Europa están endureciendo de nuevo las restricciones ante los aumentos de casos de coronavirus. En su punto de mira está la Semana Santa, pero muchas de las medidas, nuevas o prolongadas, se extienden también durante las próximas semanas. Los líderes europeos mencionan entre las principales causas el avance de la variante B.1.1.7 que se identificó por primera vez en Reino Unido, más transmisible y asociada a una mayor letalidad en algunos estudios.

Los contagios están en alza o registran incidencias elevadas en prácticamente todo el continente, con algunas excepciones, como Reino Unido o Portugal. En España, aunque es más baja que la de otros países del entorno, la tasa de incidencia ya encadena varios días de subida (pero, pese al repunte, no se endurecerán las restricciones).

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“En la última semana, los casos han aumentado un 12% en Europa, impulsados por varios países de la región. Gran parte de ello está impulsado por la variante B.1.1.7 (…) que ahora está empezando a circular en muchos países de la parte oriental” del continente, explicó este lunes Maria Van Kerkhove, líder técnica de COVID-19 en la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Según datos de la semana pasada, unos 48 de los 53 países o territorios de la región europea habían informado de la presencia de la variante B.1.1.7, que gradualmente se está volviendo predominante en el continente.

No todos los Estados secuencian por igual para detectar las mutaciones del virus. De los ocho países de la Unión Europea o el Espacio Económico Europeo que cumplen los niveles recomendados (Alemania, Bélgica, Dinamarca, Francia, Islandia, Italia, Luxemburgo y Noruega), la proporción de la variante B.1.1.7 en todas las muestras secuenciadas tuvo un rango de entre el 35,2 y el 80,4% (58,3% de mediana) entre el 22 de febrero y el 7 de marzo, según el último informe semanal del Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC). En Reino Unido, país que también destaca por su capacidad de secuenciación, B.1.1.7 representaba a mediados del mes pasado aproximadamente el 95% de las infecciones en Inglaterra.

En el contexto de esta variante de propagación más rápida, varios países europeos han logrado reducir la transmisión con medidas sociales y de salud pública, pero ahora los casos están volviendo a subir en distintos puntos del continente, obligando a los gobiernos a introducir nuevas restricciones, prolongar algunas de las ya vigentes o congelar planes de desescalada mientras la vacunación avanza lentamente.

Los niveles de contagio siguen en alza en Alemania, que registra una incidencia de 213 casos por cada 100.000 habitantes en las últimas dos semanas, según datos de la Universidad Johns Hopkins analizados por elDiario.es (en España, esta cifra se sitúa en 147). Las autoridades sanitarias han dicho que la nueva ola se ve impulsada por la flexibilización de las restricciones en las últimas semanas justo cuando se ha extendido la variante más transmisible, lo que está provocando un “crecimiento exponencial”.

La canciller Angela Merkel ha elevado el tono sobre la “gravedad” de la situación. “Básicamente, estamos en una nueva pandemia. La variante británica se ha vuelto dominante”, dijo este lunes a la prensa. “Esencialmente, tenemos un nuevo virus, obviamente del mismo tipo pero con características completamente diferentes. Significativamente más mortal, significativamente más infeccioso”.

Alemania había iniciado una tímida desescalada tras meses con duras medidas de cierre. Como respuesta al incremento, este lunes, el Gobierno y los estados federales acordaron un nuevo parón de las actividades económicas durante Semana Santa, alargando los festivos al jueves Santo, por regla general laborable, y al sábado. La idea era, dijeron, que fuera un periodo de “descanso”: los alemanes debían quedarse en casa y casi todas las tiendas tenían que echar la persiana, y las reuniones religiosas solo se podían celebrar de manera virtual.

La decisión provocó fuertes críticas y confusión. Y este miércoles, dos días después, Merkel la ha revocado. Ha asegurado que la intención de la medida era buena, pero no era factible aplicarla bien por el poco tiempo disponible. “Este error es solo mío”, ha dicho la canciller, que se ha disculpado por añadir más incertidumbre en estos momentos.

Ahora bien, esta marcha atrás no significa que la población alemana vaya a pasar una Semana Santa sin restricciones. Se espera que se pueda trabajar con normalidad y las tiendas también podrán permanecer abiertas, pero las reuniones están restringidas, por ejemplo, a no más de dos hogares, o hasta cinco personas como regla general. La hostelería se mantiene cerrada en prácticamente todo el país, con algunas excepciones como el estado de Renania-Palatinado, que ha anunciado que abrirá las terrazas. Como parte de la estrategia de desescalada, la apertura del sector de la restauración (y otros locales de ocio) tras meses de cierre es posible en sitios con valores de incidencia bajos, pero solo al aire libre.

La aplicación de las decisiones es responsabilidad de los Länder. Merkel ha pedido este miércoles que apliquen el “freno de emergencia”, la medida acordada que requiere que cuando la incidencia semanal de cualquier región es superior a 100 casos por cada 100.000 habitantes –nivel que ahora supera más de la mitad del país– se revierta la desescalada, con vuelta a los cierres y reducción drástica de las reuniones.

Uno de los principales puntos de discordia han sido los viajes y el turismo durante Semana Santa, tras la demanda disparada para pasar las vacaciones en la isla española de Mallorca después de que las autoridades alemanas sacasen Baleares de la lista de zonas de riesgo. Las aerolíneas serán responsables de garantizar que todos los viajeros y la tripulación sean examinados antes de partir a Alemania, independientemente de la tasa de infección del lugar que hayan visitado. “Aconsejamos no viajar al extranjero”, ha dicho Merkel. Este miércoles, los medios alemanes han informado de que el Gobierno estudia prohibir de forma temporal los viajes al extranjero para tratar de atajar la polémica sobre Mallorca. Los Ministerios de Justicia e Interior la estudian para evitar reveses judiciales.

En Francia, desde el pasado fin de semana, casi un tercio de la población está sometida a nuevas medidas de confinamiento para hacer frente a la fuerte subida de los contagios y al “preocupante” aumento de las personas ingresadas en cuidados intensivos. En estos momentos, el país galo registra una incidencia de 578 casos por cada 100.000 habitantes en los últimos 14 días, una de las mayores del continente. “Conocemos la causa de esta tercera oleada: la llegada de la variante británica, que ahora representa casi tres cuartas partes de las infecciones. Sabíamos que esta variante británica era más contagiosa. Poco a poco vamos descubriendo que, de hecho, es más virulenta y potencialmente más grave. Y esto se refleja en las cifras de nuestras unidades de cuidados intensivos”, dijo hace una semana el primer ministro francés, Jean Castex.

Las restricciones se han endurecido en los 16 departamentos más afectados, incluida París. En ellos, solo se permitirá la apertura de los negocios que vendan bienes y servicios esenciales, a los que se han sumado varios, como las librerías. Se prohíben también los desplazamientos por motivos profesionales o imperiosos. Francia mantiene cerrados los bares, restaurantes y locales de ocio al igual que teatros y cines desde octubre. El comienzo del toque de queda se ha retrasado una hora, hasta las 7 p.m., por el horario de verano. El primer ministro ha pedido no se organicen comidas familiares en Pascua y también ha dicho que es posible que se tengan que endurecer las medidas.

Las reglas son menos severas que las vigentes durante los confinamientos de primavera y noviembre, lo que genera preocupación por que no sean efectivas. Se topan, además, con el creciente hartazgo de una parte de la población francesa que las desafía abiertamente. Un reflejo de las dificultades a las que se enfrenta el Gobierno son las polémicas imágenes de la fiesta de carnaval en la que participaron unas 6.500 personas en Marsella, la inmensa mayoría sin mascarilla y sin respetar la distancia, el pasado fin de semana. También han generado controversia los viajes festivos de jóvenes franceses a Madrid. Francia desaconseja los viajes a otros países de la Unión Europea, pero no los prohíbe. Quienes lleguen a territorio galo desde otro país de la UE tienen que presentar una prueba PCR negativa.

En Italia, el aumento de los contagios y, sobre todo, de la presión en los hospitales llevó la semana pasada al Gobierno de Mario Draghi a dar una vuelta de tuerca a las restricciones “ante la mayor propagación del virus y sus variantes” y de cara a las vacaciones de Semana Santa. En estos momentos, la incidencia de casos en Italia se sitúa en 527 por cada 100.000 habitantes en las últimas dos semanas.

Desde el 15 de marzo, y hasta el 6 de abril, todas las regiones que superen la incidencia semanal de 250 han pasado a ser “zona roja”, la de mayores restricciones: se prohíben los viajes a otras regiones, toda la educación pasa a ser a distancia y cierran todas las tiendas no esenciales y restaurantes. La medida afecta a unos 42 millones de italianos de una decena de regiones, incluida Lacio, donde se encuentra Roma. El resto del país se encuentra en la “zona naranja” de riesgo intermedio, en los que también se limitan los desplazamientos.

Además, durante Semana Santa, del 3 al 5 de abril, toda Italia será “roja”, es decir, estará sometida a medidas de confinamiento. Se permitirán los desplazamientos a otras viviendas particulares, pero “solo una vez al día” y siempre que sean en la misma región.

Los casos se mantienen relativamente bajos, si se comparan con sus vecinos, en Reino Unido. Si bien ha sido uno de los países más duramente golpeados por el virus, las muertes y las infecciones han bajado en las últimas semanas. En la actualidad, registra una incidencia de 115 casos por cada 100.000 personas en las últimas dos semanas. Pese a la mejora de las cifras y los avances en la campaña de vacunación –es el cuarto país del mundo que más dosis ha puesto por habitante (44,6) y más de la mitad de la población adulta ha recibido la primera vacuna–, el primer ministro Boris Johnson ha advertido de la posibilidad de una nueva ola. “La experiencia previa nos ha enseñado que cuando una ola golpea a nuestros amigos (europeos), llega también a nuestras orillas. Anticipo que sentiremos los efectos a su debido tiempo”.

El Gobierno británico ha apostado por una desescalada lenta y cautelosa, condicionada a la vigilancia de las variantes preocupantes del coronavirus. El levantamiento del duro confinamiento impuesto para controlar la propagación de B.1.1.7 comenzó con la vuelta de los niños a los colegios el 8 de marzo, pero no permitirá la reapertura de las tiendas no esenciales ni la hostelería al aire libre hasta, por lo menos, mediados de abril. En Inglaterra, la regla de “quedarse en casa” terminará el próximo lunes 29 de marzo y se permitirán reuniones al aire libre de seis personas o dos hogares.

Sin embargo, la gente debe seguir trabajando desde casa siempre que pueda y no se permitirán vacaciones en el extranjero (los viajes siguen prohibidos), “dado que seguirá siendo importante gestionar el riesgo de variantes importadas y proteger el programa de vacunación”. De hecho, el Gobierno británico prepara una nueva ley que será votada este jueves en el Parlamento según la cual los residentes en Reino Unido que se vayan de vacaciones al extranjero se enfrentarán a partir de la próxima semana a multas de 5.000 libras (cerca de 5.800 euros).

Los contagios están creciendo también con fuerza en Bélgica, que contabiliza una incidencia de 445 casos por cada 100.000 habitantes en las últimas dos semanas. El primer ministro belga, Alexander De Croo, ha reconocido el empeoramiento de la situación epidemiológica porque la ciudadanía mantiene más reuniones y por las variantes más contagiosas. Las autoridades sanitarias han dicho que la variante identificada por primera vez en Inglaterra ha representado el 69% de los casos positivos en las últimas dos semanas. El número de ingresos hospitalarios vuelve a mostrar una fuerte tendencia al alza junto con un aumento de ingresos en cuidados intensivos. 

El repunte de las cifras ha llevado a endurecer las medidas este miércoles y hasta finales de abril. Las reuniones al aire libre están limitadas a cuatro personas y las tiendas no esenciales estarán cerradas salvo para clientes con cita previa, así como y los negocios de contacto como peluquerías. Se ha decidido un “receso de Semana Santa” en todos los niveles educativos, excepto guarderías. Además se ha retrasado el levantamiento que estaba previsto de algunas restricciones, como la prohibición de eventos al aire libre. Después de cinco meses de cierres, los restaurantes, bares, gimnasios y cines no abrirán hasta como mínimo el 1 de mayo. “Las próximas semanas prometen ser cruciales”, dijo De Croo. Se permite el movimiento dentro del país, pero los viajes no esenciales al extranjero están prohibidos.

En la vecina Holanda, los casos siguen al alza y la incidencia es de 497 infecciones por cada 100.000 habitantes. El número de pacientes en cuidados intensivos también va en aumento. “El surgimiento de la tercera ola en los Países Bajos se parece a lo que también vemos en los países vecinos. Estamos juntos en esto”, ha dicho el primer ministro, Mark Rutte. En el país, más del 80% de los casos son de la variante detectada en Inglaterra.

Rutte ha anunciado este martes que, debido al deterioro la situación epidemiológica, no es posible flexibiliza las restricciones. El polémico toque de queda (que comenzará una hora después, a las 10 p.m.) y otras medidas destinadas a contener el coronavirus se extenderán tres semanas más, hasta finales de abril. Teatros, cines, salas de conciertos y restaurantes llevan meses cerrados en el país. El Gobierno había dicho que las terrazas podrían abrir antes de Semana Santa y que habría más espacio para el comercio minorista, pero las condiciones no se dan. También prolongará una recomendación de que las personas no viajen al extranjero hasta el 15 de mayo.



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